martes, 15 de abril de 2014

Prevención de la Afasia

- ¿Pero cómo se previene la afasia? - me dijo por teléfono. Tras una llamada inesperada de un antiguo compañero de Máster, salió el tema. Pero esta vez estaba prevenido. Durante los últimos días había estado dándole vueltas a esa idea ¿Cómo se previene la afasia?. Y había algo que no terminaba de cuadrar. ¿Era eso lo que había que prevenir?.

- Pues la verdad - Contesté - Más que prevenir la afasia, lo que se trata es de prevenir ese daño cerebral -. La Afasia es una afectación del lenguaje por daño cerebral, luego la clave estaría en prevenir ese daño cerebral. Creía que era una respuesta correcta.

- Aja, vale, me va cuadrando - Dijo mi compañero. Y desde luego que tiene sentido. Pero claro, no todos los daños cerebrales son iguales. Y no todos son igual de previsibles. Supongo que esto merecía un post (y también ha merecido una noticia en el Correo de Andalucía XD)

La primera dicotomía

         Afectación del lenguaje por daño cerebral. Se puede repetir cientos de veces y parece que suena igual. Pero hay dos formas de ver este daño. Dos formas de afrontarlo. Y dos caminos diferentes. Existen daños que ocurren de forma aguda, que nos arrebatan de golpe el lenguaje (cualquiera de sus componentes), y cuyo paso posterior implica una recuperación y lucha por lograrla. Y existen daños insidiosos, donde el lenguaje se pierde poco a poco, donde el camino es la desaparición progresiva del mismo y la lucha es por retrasarlo. Creo que cada uno de estos tipos se merece un diferente tipo de prevención.

Previniendo la afasia (accidente cerebral vascular)

           Bien, hace poco hablé en un post sobre los ámbitos en neuropsicología, centrándome en el daño cerebral adquirido. Y comenté que ese daño podía venir de diversas fuentes. De esos daños cerebrales, la secuela que puede quedar es la Afasia. En general, un daño que afecte a las zonas perisilvianas del hemisferio izquierdo (en el caso de personas diestras) puede conllevar una secuela como la Afasia por ejemplo. Por lo tanto, hablamos de prevenir el daño. Si bien, he tenido casos de pacientes con tumores que han devenido en afasias, o pacientes con traumatismos, la prevención más conocida es ante el Ictus (accidente cerebrovascular), una de las causas más prevalentes de afasia (70%). Y además, una de las causas sobre la que podemos tener más "control".

          Cuando hablamos de los ictus, podemos dividirlos en dos tipos. Los isquémicos, que implican un tiempo de reducción del aporte sanguíneo al cerebro (por diversas fuentes) o bien los hemorrágicos. Sea como sea, las neuronas son tan dependientes del oxígeno, que en poco rato que no lo reciban, mueren. Esa es la clave de las secuelas, y cuando ocurre en esas zonas perisilvianas podemos tener un problema de Afasia. ¿Qué hacemos para prevenir estos accidentes cerebrales vasculares y sus secuelas?. Doy dos claves: Su identificación y el estilo de vida.

Sirve como ilustración de un accidente cerebrovascular isquémico, que produce el corte en la irrigación de una zona y la muerte neuronal en la zona no irrigada.

Identificación

          Las secuelas de un accidente cerebral vascular presentan una gran relación con la duración de esté. Lógicamente, cuanto más tiempo esté sin recibir aporte sanguíneo determinada parte del cerebro, más neuronas morirán y más grande será la secuela. Al menos, esa es la idea general, pues no todo el mundo termina con las mismas secuelas ante un mismo accidente, ni tiene el mismo pronóstico. Pero sí parece claro, que cuanto más se tarda en intervenir, peor. Por ello, la primera idea es saber detectar cuando nos está ocurriendo un accidente cerebral vascular. Estas son algunas claves.

- Aparición súbita de un dolor de cabeza muy intenso sin causa alguna aparente
- Entumecimiento o debilidad de alguna parte del cuerpo
- Dificultades repentinas para hablar o comprender
- Problema súbito de coordinación o de equilibrio
- Pérdida súbita de visión total o parcial

Ejemplos de signos previos que nos pueden indicar que algo esta ocurriendo en nuestra irrigación cerebral.

                 Estos sucesos, su carácter súbito y no explicable por contingencia del entorno (llevo dos horas con los cascos a tope y me duele ahora la cabeza muchísimo...) pueden hacer pensar que estamos ante un Accidente de este tipo. Sin duda, lo que sentiremos dependerá mucho de la zona afectada. Inclusive puede tratarse de un accidente transitorio (que los hay, pero que debería tomarse como un serio aviso), pero sin duda, la presteza en este momento es crucial para la secuela que se pueda tener después.

El estilo de vida

             Evitar la aparición del accidente cerebrovascular anida también en nuestro estilo de vida. Es decir, podemos tener cierto control para evitar que éste surja. Si bien, existen malformaciones arterovenosas que nos pueden venir de serie, es importante saber que hasta la ruptura de las mismas se puede acelerar o frenar según ciertos detalles del estilo de vida, como los siguientes.

Alimentación: La alimentación sana es clave para evitar el colesterol, culpable de la obstrucción de vasos sanguíneos. Culpable en algunos casos del corte de aporte de oxígeno al cerebro. Pero no todo es hablar de un accidente cerebrovascular grave. En muchos casos, esa obstrucción puede ser parcial e ir provocando un deterioro cognitivo progresivo. No en vano, en los últimos años se habla de un posible deterioro cognitivo asociado a la obesidad. Del hecho de beber alcohol ni hablo, pues en una cantidad excesiva provoca claro aumento de la tensión arterial, que como veremos en el estrés, puede ser perjudicial.


Ejercicio físico: En este tipo de caso, el ejercicio físico juega un importante papel por la oxigenación extra que recibe el cerebro. Ponemos en marcha todo el circuito cardio respiratorio con el ejercicio aeróbico, lo cual es beneficioso para el cerebro. Se habla siempre de un ejercicio moderado y se investigan aún que tipos de ejercicios son los más adecuados, pero lo que parece ser una constante es que el riesgo de ACV se reduce sin mantenemos bien irrigado nuestro cerebro. Desde luego, fumar es el caso contrario, donde introducir ciertas sustancias en nuestros pulmones reduce la calidad del aire que respiramos y que enviamos a nuestro cerebro.


Actividad mental: Otra forma de poner en marcha el cerebro, y provocar una oxigenación extra es el uso de nuestro propio cerebro ante actividades mentales. Pero de nuevo hablamos de la moderación. La idea es no quedarse en estado vegetal tras una jubilación por ejemplo, pero tampoco pasarse como se indica que ocurrió con un Joven en Taipei tras estudiar más de 16 horas seguidas. Es interesante en esto caso hablar de una relación ambigua, la de las actividades sociales. Esta actividad mental la hemos podido desarrollar en nuestro trabajo, o aprovechando los tiempos de ocio con actividades que vayan más allá de poner programas de cotilleos. Pero lo cierto es que a día de hoy estamos lejos de tener una definición absoluta de que es una actividad cognitivamente estimulante.



Actividades sociales: Las actividades sociales acaban siendo una pequeña mezcla de todo. El que se sociabiliza suele hacerlo en contextos que implican movimiento (visitar algún sitio en conjunto) y además, tiene una mayor actividad mental (tan solo por el hecho de tener que comunicarse o hablar). De esta manera, el hábito social puede, de forma secundaria, provocar una mejora en el sistema circulatorio, y por extensión, reducir el riesgo de ictus. De ahí esa estadística que indica que las personas que viven solas son algo más propensas a tenerlos, pero eso no significa que todo el que viva solo deba tenerlo (pues puede ser una persona tremendamente activa). Además, la soledad también correlaciona claramente con la depresión y por extensión, con el estrés.


Estrés: El estrés afecta claramente a la tensión arterial. La hipertensión puede provocar una ruptura de un vaso y por tanto, el subsiguiente derrame. Y claro, todas aquellas fuentes de estrés pueden estar detrás de la aparición del ACV. A día de hoy rara vez nos paramos a descansar, a mirar el camino andado. Cuadramos las cosas que nos pasan en nuestra agenda, en vez de cuadrar nuestra agenda en nuestra vida. En conclusión, los trabajos que exigen más de lo que uno puede dar, de alta responsabilidad, de continuos subidones de adrenalina, puede en un principio se estimulantes, pero pueden desembocar en una mayor propensión a ACV. Saber delegar, desconectar del trabajo, tomarse su propio momento pueden ayudar a reducir esta tensión, y por tanto, ayudar reducir el riesgo de Ictus. No en vano, muchos casos de afasia que he visto, como comento en la noticia del principio han aparecido en un contexto de altas demandas laborales y puestos jerárquicos altos de gran estrés asociado.


Previniendo la afasia (progresiva primaria)


             La dicotomía que antes comenté radicaba en evitar un accidente cerebral agudo o bien, como es en el caso de las afasias progresivas primarias, evitar la manifestación clínica de un proceso degenerativo que afecta a las áreas perisilvianas (toma frasecita). Es decir, como pasa con el Alzheimer y otros procesos neurodegenerativos, su expresión clínica depende tanto de la cantidad de daño como de otros factores, englobados dentro de la reserva cognitiva. Os comento la relación entre esta reserva y los casos de progresiva primaria.

- Alimentación: Por extensión de lo antes visto, un cerebro con mejor irrigación, al evitar el colesterol, y con menos tensión arterial (evitando pequeñas microroturas) es un cerebro que va a sorportar mejor la degeneración. En primera instancia, porque  no nos hemos cargado más neuronas por nuestro estilo de vida, y como tenemos más, aguantaremos más un daño antes de dar muestras de ello (reserva cerebral). En segunda instancia, no tan evidente, tendremos un sistema más eficiente, y neuronas más preparadas para soportar el peso de la cognición pese a ir perdiendo compañeras.

- Ejercicio físico: El caso es muy parecido al anterior, al margen de saber que el ejercicio físico provoca un aumento también de las conexiones sinápticas,  y de la eficiencia de las neuronas (necesitan menos esfuerzo para realizar lo mismo). Por ello, la mejor irrigación y estos cambios morfo-funcionales implican que el daño deletéreo de la neurodegeneración tenga menor impacto funcional.


- Actividad mental: Siguiendo el ya conocido "use or lose it". El uso de funciones cognitivas continuado con una vida de actividad mental plena, supondrá que estas funciones serán más fuertes (eficientes, de nuevo), y más capaces de operar bajo circunstancias de daño acumulativo durante más tiempo sin que se note en el día a día de la persona.



                    Resumiendo, todos estos hábitos, tanto para reducir el riesgo de accidente agudo, como para reducir el efecto de un proceso degenerativo, son hábitos que se puede adquirir en cualquier momento. Desde luego, hábitos que cuanto antes se tengan mejor, y hábitos que hacen que tengamos una red extra cuando sufrimos alguno de estos daños en el cerebro (estos y muchos otros) y que permitan tener menos secuelas, y desde luego, superarlas mejor. Un saludo.

PD: Siempre quiero matizar una cosa con esto. Todo es en términos relativos. Tendremos menos secuelas y las superaremos mejor que alguien que ante un mismo daño no haya tenido estos hábitos. Si el daño que sufrimos es muy severo, será lo mismo, pero esas secuelas serán graves y el pronóstico peor que si el daño fuera más leve. 

       

2 comentarios:

dionisiogos dijo...

Muy buena entrada. Ahora me cuadra aún más...Gracias por la información tan precisa, clara y concreta. Voy viendo más luz en este tema de prevención. Saludos Aarón.

Aarón Del Olmo dijo...

De nada Dionisio! cualquier cosa o tema que necesites abordar, si tengo idea, lo intento poner por aquí.

Un abrazo!