viernes, 23 de diciembre de 2016

Cum laude

Bien. Este blog desde sus inicios ha hablado de ciencia, de neuropsicología... de investigación. Ha hablado de esta última como si fuera un ente abstracto. Algo que ocurre, algo que hace la humanidad en su conjunto. Pero en realidad, se sabe que la investigación la hacen personas, no se hace sola. Personas que dedican su vida a un supuesto fin superior: Aportar conocimiento. 

El problema es que la investigación en cierto países no parece relevante. Basta con ver el idioma en el que escribo este post para irse dando cuenta de por donde van los tiros. En España, la investigación importa poco. Y la vocación investigadora, cuando se tiene, termina por ser un pequeño castigo. Porque se sabe que no va a deparar un camino de rosas. Ya digo, se supone que este blog habla de ciencia. Pero hoy vamos a hablar de como se hace la ciencia. O al menos, de como la he tratado de hacer yo. (debe tenerse en cuenta que desde los 21 años, vivo solo y sin familia cercana).

El inicio.

Voy a tratar de definir lo que se necesita para hacer ciencia. Lo más importante, de hecho. ¿Capacidad de razonamiento?.¿Capacidad de síntesis?.¿Creatividad?. Loables cualidades estas. Pero no. Lo que se necesita, al menos en este país, son habilidades sociales. Esa es la primera de las claves. Si uno no tiene habilidades sociales, puede poseer ciertas cualidades imprescindibles para la investigación, pero comenzará por no poder demostrarlas. Porque no le dejaran. Lejos quedan aquellos tiempos del investigador solitario en su propio laboratorio que crea conocimiento según avanza. A día de hoy todo tiene que ver con un grupo de investigación. Y ese grupo es como la cultura. Cuando naces está ahí, y cuando mueres, ahí sigue. 

Mi primer error fue no tener un grupo de investigación. No es que no lo necesitara, o no lo quisiera. El problema era que estaba en un sistema donde las becas y "apadrinamientos" son la forma de cribar. Investiga quien tiene beca o quien tiene padrino, quien no, se busca la vida en otro sitio. Pero... los hay cabezones, como fue mi caso. Yo iba a investigar y a ser doctor. Fuera como fuera. Y eso marcó mi camino. 

El TFM

Lo que anteriormente se conocía como tesina, era el primer paso. Obvio la carrera, pero no he de olvidar que ahí empezó está moral alcoyanera: Compaginar seis horas de clase y 8 horas de trabajo como dependiente del corte inglés. Y ser capaz (qué es un mérito) de sacar la carrera a curso por año. Evidentemente, sin matriculas. Ser uno más del montón, sin haber disfrutado de la vida como lo hacía ese montón. A fin de cuentas, la red era ancha y todos los peces pasaban. Y yo pasé.

No, todo empezó con el TFM. Durante los primeros meses de máster trabajaba en un almacén por las noches colocando cajas de ropa. Había días que acudía a clase directamente sin haber dormido. Pero aprendí a aprovechar el tiempo, a cerrar el laboratorio por las noches antes de entrar a trabajar. A abrir la universidad al salir de trabajar. Fui capaz de hacer comunicaciones en congresos, y de asistir a ellos, en las vacaciones que me daban en el trabajo.

Tuve la mala suerte de ascender en mi trabajo y empezar a trabajar por el día. Ahora, las recogidas de datos (800 evaluaciones) las tenía que coordinar desde el móvil, escondiéndome en un almacén de ropa, con la excusa de buscar una talla 38 de unos pantalones, haciendo esperar a los clientes una infinidad. Pero bueno, estaba haciendo ciencia. Pero los trabajos eran efimeros. Lo siguiente fue trabajar en un sex shop.

Las anécdotas son graciosas, pero la cantidad de barbaridades que tuve que aguantar esa época no tiene nombre. Lograba abstraerme leyendo artículos encima del mostrador. Leer en el trabajo, escribir resumen en casa. Ese era el Handicap. Y así, logre leer los cerca de 100 artículos que leí para el TFM.

La mención de matrícula

No tenía grupo de investigación. Pero hice un TFM bastante digno. Hay algunas frases que recuerdo como "hacía tiempo que no veía un trabajo de tanta calidad" o un "es prácticamente una tesis". Fue impresionante, y mereció la pena pedir el día libre en el trabajo. Ese año, primera promoción de mi máster, eramos cerca de 10 alumnos.

Yo tuve la suerte de exponer el último. Y todos eran sobresaliente con mención a matrícula. Sin embargo, mi TFM no tuvo dicha mención. Tarde 5 días en salir de mi cascarón (y en poder pasarme por la facultad, ya que, como no, trabajaba) para preguntar el motivo. 5 días de decepción (a partes iguales conmigo mismo y el mundo). 5 días de ojos enmorecidos de...alergia (por decir algo). Y lo dicho, pregunté. Corrió la voz, y parándome por el pasillo un miembro del tribunal me dijo "perdónanos, se nos olvido decírtelo, también estabas mencionado". 

La matrícula no fue para mi. Pero era algo que me daba un poco igual. Yo nunca sería un tío de matrículas, tenía la mitad de tiempo que los demás. Pero ahora era el momento de publicar los resultados. Y de empezar la tesis doctoral. Hace 8 años de eso.

El primer artículo

Escribí mi primer artículo en los ratos libres que tenía entre unas cosas y otras. En esa época aún trabajaba en una tienda de ropa. Era un fantasma en la universidad. Nadie me veía, pues solo iba por las tardes o noches. No estaba en los cafés de la media mañana, y por tanto, no estaba en el listado de candidatos para plazas de profesorado o demás. La gente se había acostumbrado a ver que yo seguía vivo, y considerar que me iba bien.

Recuerdo concretamente dos hechos. Uno de ellos saliendo de una escuela de verano infantil donde era monitor y acostarme directamente para que se me pasara el hambre. También recuerdo el ir con gente de la facultad a tomar a desayunar alguna vez y decir "no tengo hambre, no quiero nada"  mientras me sonaban las tripas. Por desgracia en Sevilla se puede trabajar sin llegar a cobrar. Así estuve un delicado año. Pero el hambre que yo tenía era diferente, era hambre de conocimiento. Un día un buen amigo mío me trajo una caja de la comida que daban en la parroquia de al lado. Mi frase fue "Me jode no poder decirte que no lo necesito". Esto también es ciencia.

Pero logré escribir ese artículo. Y traducirlo. Sin grupo de investigación, sin prácticamente ayuda. Y lo envíe a una revista. Recuerdo perfectamente la respuesta del editor. Y recuerdo que decidí en ese instante que no iba a mandar más artículos sin ayuda o supervisión. Pero bueno, tampoco tenía de quién. 

La tesis doctoral

Durante esos años, seguí avanzando en mi tesis doctoral, pero esta vez con la fortuna de poder trabajar en áreas relacionadas con la psicología. Pero el problema era que cada vez que avanzaba un poco en la introducción ocurría algo. Un mes a Bilbao a investigar, un curso en la otra punta de España que impartir... un congreso... o incluso algunos análisis de tesis doctorales que tuve que llevar a cabo. Por supuesto casi todo gratis. Pero al menos, ya no pasaba hambre. Hasta ese verano.

El último verano que yo pase hambre había empezado como un 2013 prometedor. Pero todo fue torciéndose, cada trabajo era peor que el anterior y en definitiva, me encontré con un verano de tres meses sin dinero, sin trabajo teniendo que aparcar nuevamente la tesis. Creo que por aquel entonces ya había leído los 300 artículos que salían en PUBMED cuando se introducía la palabra clave "cognitive reserve". Ese verano encontré un trabajo de comercial a puerta fría. Un horario de 48 horas semanales. Un sueldo de 300 euros. 45 grados a la sombra.

Recuerdo que, en una ocasión, me abrió la puerta una muchacha de unos 20 años y me dijo "yo te conozco, tu eres el que ha dado las charlas del prácticum en la facultad". Efectivamente, durante esos tres meses me encontré con alumnos de la facultad, y con personas que había valorado en mi tesis. Y todos hacían lo mismo. Me invitaban a entrar y me daban un vaso de agua fría. 

No estoy seguro de en cuantos portales me senté a llorar ese verano, pensando que nada tenía sentido. Es curioso que ese trabajo se me diera bien e hiciera decenas de contratos. Es más curioso que llegara a casa y siguiera leyendo artículos. Estuve ese año aprendiendo métodos de análisis de ecuaciones estructurales. No iba a dejar que nadie hiciera ni una sola parte de esa tesis por mi. Era mia y hecha por mi.

A estas alturas, todos mis compañeros de doctorado habían ya presentado sus tesis. Todos Cum laude. De hecho yo también fui "Cum laude", pues dos tesis que "dirigí" metodológicamente, obtuvieron esa calificación. Y así, me fui convirtiendo en neuropsicólogo clínico casi sin querer (siempre con la crítica por parte de los clínicos de mi vocación investigadora) debido a diferentes trabajos. Y un buen día, todo se estabilizó.

Y pude, también trabajando mis ocho horas diarias y levantando desde sus cimientos un centro clínico, avanzar en la tesis. Tal fue la velocidad que cogí que, casi sin verlo, estaba depositando la tesis. Había ocurrido. Estaba en la meta.

El Cum laude

Seguramente ahora estaríamos ante un precioso momento para decir: lo logré. Pero, la historia es justo al revés. La historia que parece karmáticamente conducida hacía una catarsis feliz, resulta conducir justo a lo contrario. 

La defensa de la tesis fue para mi la culminación de años de formación en muchas disciplinas. Fue la culminación de decenas de ponencias, con un estilo que ya me es propio. Con bastante gente que parece interesarse por las cosas que digo en el público. Fue la culminación de leer una masa de artículos increíble, de tratar de aprender cosas que no hacía ni falta conocer (Florbetapir). Fue el momento de enfrentarme a un tribunal de expertos. Llevaba años deseando que alguien me juzgara con dureza. No iba a ser difícil, pues al no tener grupo de investigación, nadie iba a venir con la bandera de la amistad enarbolada. Se buscó gente que ni me iba a conocer, ni iba a saber nada de mi más que el trabajo que tenía en sus manos. Eso fue otro error. O no, ya que mi intención era aprender para mejorar. E iba a aprender una cosa interesante,  que no bonita. Es preferible asegurarse del resultado que tratar de lucharlo, porque eso tampoco se va a valorar.

Cuando recibí la calificación de sobresaliente, tuve cierto amago de emoción. Pero viniendo del ámbito académico, sabía de sobra que el sobresaliente es la nota que prácticamente todo el mundo va a recibir, ya que una tesis doctoral no es fácil que se suspenda. La cuestión era el Cum laude, la máxima nota. Supongo que mi oportunidad para obtener un reconocimiento que durante muchos años no había obtenido por no haber estado allí. Y la votación fue 4 a favor y uno en contra. No hubo Cum Laude.

En ese instante, logré hacer más especial aún mi doctorado. Pocos doctorados se sacan trabajando en un Sex Shop. Pocos doctorados se sacan doblando blusas de señora, o metido en un almacén organizando cajas de ropa. Pocos doctorados se sacan habiendo ya dirigido en la sombra otras tesis doctorales (además Cum Laude) o decenas de TFM. Pero sobre todo, pocos, poquísimos doctorados, no reciben el Cum Laude.

Y así, una vez alcanzado el "culmen", así una vez logré ser doctor, camino luchado, sufrido y sudado, me atrevo a decir que "como el que más", me encontré que un inmerecido castigo. Sin prácticamente explicación, me encontré entre felicitaciones continuas de personas diciendo "enhorabuena eres doctor", que me recordaban cada día que "mi trabajo no mereció alabanza". Que mi vida hasta el momento, no la había merecido. Así que cada pequeño hito en mi carrera investigadora iba acompañado de ojos enmorecidos.

Queda esa frase que se pronunció cuando uno sabe que no hay palabras que decir que puedan consolar. "Eres Cum Laude Moral". Pero la realidad, es que ni era Cum laude, ni me quedaba moral.

PD: Lo dije al inicio, hablo de ciencia en este blog. Y esto es la ciencia en España.

PD2: Lejos de disfrutar el ser doctor, estoy sufriendo esa etiqueta de "eres menos que el 90%", ya que cerca del 90% de las tesis obtienen Cum laude.

PD3: Dado el sistema de decisión, nunca sabré que estaba mal y ni sabré a quien preguntarle. 






4 comentarios:

Mari Luz dijo...

Emocionante, Aarón. Eres el mejor. Quiero felicitarte por haber tenido tanto tesón. No me cabe ninguna duda de que con otras circunstancias hubieras alcanzado el cum laude y lo que sigue. Si has llegado a lo que has llegado con toda esa gama de vicisitudes ¡cómo hubiera sido de no ser así!.

Me animas porque yo, después de trabajar muchos años en otra cosa que no tiene nada que ver con la psicología y con muchos años a mi espalda, me decidí a hacer neuropsicología pensando que el trabajo estaba a la vuelta de la esquina y, mira tú por donde, va a ser que no. Con lo que que has contado y, a pesar de que, más que mi edad, la falta de experiencia y otros miedos, son una lacra, tengo la impresión de que hay que insistir y si tú, con todo en contra, lo has conseguido voy a pensar que yo también voy a poder aunque a menor escala.

Gracias por contarlo y te deseo muchos éxitos.

Aarón Del Olmo dijo...

Hola Mari Luz. Gracias por comentar. Si, creo que la clave es el tesón y la insistencia, y tener claro el objetivo. No dudo que tu también podrás alcanzar los tuyos. Todos podemos, siempre que no nos rindamos. Si creo, que es el camino para llegar a ellos lo que nos hace crecer, y más, cuanto más difícil es este. Un saludo

Anónimo dijo...

Enhorabuena, si supieras que perteneces a un grupo más o menos extenso aunque "bien" silente. Imposible que a una oveja extraña la admitan en su grupo cuasicerrado sin hacerla sentir incómoda, lo importante es haber alcanzado la meta sin darles el gusto (¿qué gusto?, ni te habrían casi tenido en cuenta) de claudicar. Un saludo.
Ayose

Aarón Del Olmo dijo...

Gracias por tu comentario Ayose. El tiempo hace relativizar las cosas, sin duda. Está claro que hay resistencias a todo lo que no tenga el beneplácito del "Establishment". Es lo que hay.